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Superación sobre ruedas

 

Estela, Andrés y Álvaro nunca pensaron que podrían participar en un Mundial. Estos niños de 6, 11 y 13 años tienen por delante uno de los retos de su vida. Los tres tienen parálisis cerebral y como mínimo más de un 40% de discapacidad motora que les impide llevar una vida como cualquier otro niño, pero se resisten a no disfrutar del deporte. Los tres participarán el próximo 7 de mayo en el X Campeonato del Mundo para sillas adaptadas a discapacitados, conocidas como Joëlette, y que se celebra en Rochefort (Francia). Los ‘culpables’ de ello son APAT-LORCA, “una asociación que apoya a niños de 0 a 6 años y de 6 años en adelante con discapacidad”, señala Chumy, miembro de la asociación y madre de uno de los mundialistas. “El objetivo es dar a conocer la asociación a la que pertenecemos y dejar claro que las personas con discapacidad son inclusivas y pueden hacer las mismas cosas que cualquier persona sin discapacidad”, añade esta madre coraje que no duda en afirmar que “el esfuerzo que se hace para prepararlo merece la pena cuando ves la cara de la persona que va en la silla porque está participando en algo que de otra manera no podría… Me quedo con su cara cuando cruza la meta”.

Esta aventura mundialista comenzó con la adquisición de la primera Joëlette en 2013 gracias al proyecto ‘7 islas, un sueño’, en la que un deportista canario recorrió las siete islas canarias en bicicleta de montaña (se donó un euro por kilómetro) para comprar una de estas ‘sillas’ conocidas como Joëlette. Una ingeniosa silla con ruedas, articulada y adaptada para facilitar el acceso de personas que, por sí solas, no puede caminar o acceder a determinados terrenos. Su precio, 3.400 euros, hace que esté al alcance de muy pocos y sólo se fabrica en Francia. Aquel reto en bicicleta por las islas afortunadas permitió la adquisición de una Joëlette que supuso “un gran avance para las personas con dificultades en la movilidad y que nos ha permitido que podamos cumplir varios sueños en la APAT-LORCA”.

Una prueba de 14 kilómetros

Pero el reto que tienen por delante los tres mundialistas, junto con sus respectivas tripulaciones formada por cuatro personas, no será sencillo. Deberán recorrer 14 kilómetros por zonas de playa y urbanas en el menor tiempo posible, por lo que la prueba “requiere una preparación física importante, ya que la responsabilidad de las personas que llevan esa silla las convierte en fundamentales”. La gran dificultad es “que alguna de las personas que participa en la tripulación no han hecho deporte en su vida y la carrera puede resultar muy dura”. “Pero poder disfrutar con tu hijo de una experiencia así te hace sacar fuerzas de flaqueza para terminar la prueba”, confiesa Chumy, que este año no podrá participar junto a su hijo –como el año pasado- por culpa de una lesión.

Y es que este equipo español ya es uno de los veteranos de la prueba mundialista. En 2014 acudieron con mucho esfuerzo y en 2015, gracias a los patrocinadores, acudieron a Fouras Les Bains en su segunda cita mundialista, pero este año el reto es todavía mayor, ya que serán tres los equipos que representen a España en Rochefort y todos ellos bajo el paraguas de APAT-LORCA. “El primer año fuimos un solo equipo, en 2015 fuimos dos (un niño y un adulto) y este año vamos tres equipos con niños, con la curiosidad de que el equipo de Elvira está formado íntegramente por mujeres”, señala.

Uno de los equipos, en plena prueba.

 

Pero como pasa en muchos deportes minoritarios, la cuestión económica es fundamental para poder participar: “La ilusión con la que vamos no puede pagar los transportes y las estancias”. La participación de los tres equipos, con los trasladados y estancia incluidos, cuesta unos 6.000 euros, lo que les obliga a abaratar todo lo posible los traslados y los costes de alojamimento en Francia. “Hacemos 36 horas en autobús para llegar a Rochefort, salvo los tres niños que viajan en avión para hacerles el viaje más llevadero, y dormimos en campings”, reconocen. Allí se enfrentarán a equipos de Francia, México, Italia o Portugal, hasta casi llegar la centena de participantes que comienzan la prueba –salen dos equipos cada dos minutos- con el mismo objetivo: llegar a la meta. “En 2014 fuimos el tercer país, el segundo año nombraron a España el mejor equipo de promoción deportiva y este año vamos con la ilusión de participar. Con eso nos sentimos realizados y campeones, porque nos cuesta mucho trabajo. En este Mundial se corre más con la mente y con el corazón”, dice una emocionada Chumy.

El X Campeonato del Mundo para sillas adaptadas a discapacitados será, por encima de todo, una lección de vida de las personas que tienen una discapacidad. “Ellos nos enseñan valores que no conocemos y nos enseñan a transmitirlos. En la cita mundialista aprendemos a disfrutar de otro tipo de vida, que no es distinta a las demás”. En Rochefort de darán cita un centenar de historias emocionantes, de superación, de alegría, de penas... pero sobre todo de ganas de vivir.

 

 

 

 

Fuente: http://www.laverdad.es

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