El tratamiento del autismo dirigido por los padres muestra beneficios duraderos

Una terapia que se centra en las habilidades de comunicación de los padres podría tener unos beneficios duraderos para los niños pequeños con autismo, según sugiere un nuevo ensayo clínico.

Investigadores del Reino Unido hallaron que los niños de preescolar que participaron en el programa tenían unos síntomas de autismo menos severos 6 años después, en comparación con los niños a los que se atendió con los servicios estándar para el autismo disponibles en su comunidad local.

El estudio es el primero en mostrar tales beneficios duraderos a partir de un programa en la niñez temprana para el autismo. Algunos expertos que no participaron en el estudio se sintieron animados por los hallazgos.

Eso es, en parte, porque el programa se considera de "baja intensidad". Los padres realizaron 18 sesiones con un terapeuta a lo largo de un año, y luego se hicieron cargo a partir de ese momento.

"Este estudio es importante a la hora de demostrar que el tratamiento administrado por los padres puede usarse de forma efectiva en las comunidades con pocos recursos, en las que hay pocos profesionales entrenados", dijo Geraldine Dawson, directora del Centro para el Autismo y el Desarrollo Cerebral de la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte.

El programa, cuyo nombre es PACT (Preschool Autism Communication Trial [Ensayo de la comunicación en el autismo en preescolar]), se centra en la "comunicación social" de los padres y los niños.

Los padres fueron grabados en video durante las distintas interacciones con sus hijos. Entonces los padres vieron los videos junto con el terapeuta. Los padres aprenden a interpretar mejor el estilo único de comunicación del niño, y a responder a ello.

Para ponerlo en práctica, se pidió a los padres que dirigieran "tareas estructuradas" en casa durante 30 minutos cada día.

El método tiene sentido y es "muy factible", según Jeff Sigafoos, profesor en la Universidad de Victoria de Wellington, en Nueva Zelanda.

De hecho, ya hay disponibles programas que incluyen principios parecidos en el "mundo real", dijo Sigafoos, autor de un editorial publicado con el estudio en la edición en línea del 25 de octubre de la revista The Lancet.

"Todos estos programas tienden a compartir algunos elementos comunes, como el hecho de estar basados en casa, que los implementan los padres y que se centran en respaldar a los padres para que hagan que sus hijos participen en más interacciones de comunicación social", dijo Sigafoos.

Los nuevos hallazgos se suman a las evidencias de que esos métodos pueden ayudar por igual a los hijos y a los padres, según Rebecca Shalev, profesora clínica asistente de psiquiatría infantil y adolescente en el Centro de Estudios sobre los Niños Langone de la NYU, de la ciudad de Nueva York.

No es "intuitivo" que los padres sepan cómo interactuar con su hijo que tiene autismo, comentó Shalev.

Saber cómo jugar con sus hijos y "tener experiencias agradables" beneficia a todo el mundo, dijo.

Aproximadamente uno de cada 68 niños ha sido diagnosticado con un trastorno del espectro autista (TEA), según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Los TEA se refieren a un grupo de trastornos del desarrollo cerebral que afectan la conducta y la capacidad de comunicarse y socializar de los niños.

La gravedad varía en gran medida de un niño a otro: algunos niños tienen problemas leves con las interacciones sociales, mientras que otros hablan muy poco y se centran en una cantidad limitada de conductas repetitivas.

El estudio PACT contó con 152 niños británicos de 2 a 4 años de edad que tenían problemas relativamente graves con la comunicación social y con conductas repetitivas. En promedio, obtuvieron una puntuación de "8" en una escala estándar de 1 a 10, donde 10 indica los síntomas más graves.

Los investigadores, dirigidos por Jonathan Green, de la Universidad de Manchester, asignaron aleatoriamente a los niños al programa PACT de un año o a los servicios para el autismo "habituales" disponibles en su área local.

Seis años después, los investigadores pudieron volver a hacer las pruebas al 80 por ciento de los niños.

Los investigadores encontraron que, en comparación con los niños que habían recibido los servicios estándar para el autismo, los niños del grupo del PACT eran menos propensos a presentar síntomas en el rango de gravedad: el 46 por ciento frente al 63 por ciento del grupo de atención habitual.

Y aunque el programa se centró en la comunicación social, también redujo, en promedio, las conductas repetitivas y restrictivas.

Se trata de un hallazgo interesante, según Shalev. Dijo que sugiere que la mejora de la comunicación entre padres e hijos tiene "beneficios colaterales".

Sigafoos afirmó que "una moraleja es que es importante que los padres sean muy receptivos a los intentos de comunicación de su hijo. Intenten crear la necesidad de que su hijo se comunique y observen cualquier indicación de comunicación por parte de su hijo".

Ofreció un ejemplo: "Su hijo podría llevarle a la puerta de la nevera y pedirle un vaso de leche. Cuando observe esto, puede reconocer que su hijo está intentando comunicarse: 'Oh, veo que quieres tomar algo de leche'. Luego intente hacer que su hijo se comunique de una forma más elaborada: '¿Puedes decir leche?'".

Por supuesto, el estudio informa de promedios grupales, y no todos los niños presentaron las mismas mejoras. "Dicho de forma simple", dijo Sigafoos, "algunos niños responderán mejor que otros".

Pero, añadió, en el mundo real, los terapeutas pueden adaptar una intervención para ajustarse mejor a las necesidades particulares del niño.

Dawson dijo que, idealmente, los niños con autismo deberían ir al terapeuta directamente, y junto con ello se da algún tipo de entrenamiento a los padres.

Pero, añadió, no siempre hay terapeutas disponibles con esa experiencia.

Lo mejor es que los padres también aprendan técnicas para aplicar en casa de un terapeuta entrenado, dijo Dawson. Pero, añadió, también hay buenos libros con "consejos útiles".

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor

FUENTES: Jeff Sigafoos, Ph.D., professor, education, Victoria University of Wellington, New Zealand; Geraldine Dawson, Ph.D., director, Duke Center for Autism and Brain Development, Duke University Medical Center, Durham, N.C.; Rebecca Shalev, Ph.D., clinical assistant professor, child and adolescent psychiatry, NYU Langone Child Study Center, New York City; Oct. 25, 2016, The Lancet, online

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