Un juego donde los chicos con discapacidad sueñan en grande

En el microestadio de la UTN de Pacheco está todo listo para el entrenamiento. Mariana Ferreyra llega con su hijo Gusti, de 9 años, a upa. Así lo trajo desde su casa del Barrio Ricardo Rojas, en Tigre, un viaje de 40 minutos en el colectivo 720. El nene nació con los dos fémures fracturados y varias costillas fisuradas. En sus primeras horas sufrió 3 paros cardíacos: los médicos le daban una semana de vida. Lejos de aquellos pronósticos, casi una década después, Gusti llega a tiempo para disfrutar de su pasión: jugar a la pelota. Sí, al Powerchair Football, o traducido, al fútbol sobre silla de ruedas motorizado, un deporte que se juega en la Argentina hace 4 años y que ya tiene una Selección que sueña con estar en el Mundial 2017.

“¿Mirá papá laque tengo”, le dice Gustia , mostrando una camiseta de Boca debajo del buzo. “Soy delantero, ya hice 3 goles y mi sueño es jugar en la Selección de powerchair”, agrega el pibe, que cursa tercer grado de la escuela 505 René Favaloro. Padece artrogiposis múltiple(falta de formación muscular y movimiento limitado de las articulaciones) y pronto será operado de la columna.“Hay chances de que vuelva a caminar por sus propios medios”, dice confiada la madre y explica que su hijo tiene en reparación una silla de ruedas que usa a diario. Faltar no era una opción. Por eso, lo trajo a upa. Hace poco más deun año que Gusti juega a este deporte.La Fundación Powerchair Football Argentina le presta una silla motorizada que cuesta 10 mil dólares. Una buena noticia es que esta organización sin fines de lucro,junto al INTI, están desarrollando una silla que costaría muchísimo menos. “Cuando volvió de jugar por primera vez le mandó mensajes a las primas y les dijo: ‘Soy el Tévez del fútbol en silla de ruedas’”,recuerda entre risas la mamá.

Chicos y chicas juegan al fútbol en silla de ruedas en el micro estadio de la UTN (Universidad Tecnologica Nacional) en General Pacheco. La Fundacion Powerchair Football Argentina se encarga de la actividad.
Foto. Maxi Failla

Chicos y chicas juegan al fútbol en silla de ruedas en el micro estadio de la UTN (Universidad Tecnologica Nacional) en General Pacheco. La Fundacion Powerchair Football Argentina se encarga de la actividad. Foto. Maxi Failla

De a poco van llegando más jugadores. Daniela Deoberti, que tiene 22 años, es hincha de San Lorenzo y sufre una miopatía muscular. “Esto es una pasión”, dice, mientras su mamá Marcela retocala silla. “Juego de todo, pero puedo ser arquera”, cuenta segura. Y aclara: “Mi sueño es llegar a la Selección. Para conseguir lo que uno quiere hay que confiar en uno mismo y hay que tener perseverancia”.Los chicos que llegan a la Selección tienen una agenda propia: en las próximas semanas harán una gira por Francia y en diciembre jugarán las Eliminatorias para el Mundial.

Marcela no tiene fronteras pese a que juega con un respirador que lleva en la parte trasera de la silla. También hace taekwondo y le gusta ir al cine, al teatro y a recitales. Cuando arranca la práctica, es la primera en hacer un gol. Y en la tribuna lo festejan todos los familiares. Los propios y los ajenos.

“Es el momento más feliz para ellos cuando vienen a jugar porque toda la semana están con médicos, kinesiólogos, terapistas. Aquí se liberan y éste es su momento”, relata Sebastián Tisera, el DT a cargo de la práctica. Junto a él está Valentino Zegarelli, al que consideran el “Messi” de este deporte.

Valentino Zegarelli, uno de los chicos que juega al fútbol motorizado en el micro estadio de la UTN (Universidad Tecnologica Nacional) en General Pacheco. 
Foto. Maxi Failla

Valentino Zegarelli, uno de los chicos que juega al fútbol motorizado en el micro estadio de la UTN (Universidad Tecnologica Nacional) en General Pacheco. Foto. Maxi Failla

“Messi hay uno solo, yo soy Valentino”, dice convencido el nene de 11 años que sufre atrofia espinal muscular (es una enfermedad neuromuscular degenerativa). “El mejor regalo que me hicieron mis papás es haberme traído este juego, es parte de mi vida”, afirma con una madurez que asombra. Fueron ellos los que trajeron al país este deporte adaptado para personas que, por sus patologías, tienen que usar una silla de ruedas motorizada. “Mi sueño es ganar el Mundial de 2017, aunque primero hay que clasificarse”, dice este alumno de 5° grado del San Felipe Apostol.

Empieza a rodar la pelota. Allí también están Juan Barone (28 años, licenciado en diseño de interiores, con distrofia muscular), Mateo Suárez (9 años, espina bífida, va a 4° grado), Jorge Luis Bazán (de Boca, 9 años y con artrogiposis múltiple), Mateo Rolandi (21 años, estudia canto, prematurez), Miguel Donnelly (15 años, distrofia muscular), Pedro Este (17 años, parálisis cerebral), Pepe Mayer (22 años, estudia Comercio exterior, distrofia muscular) y Pablo Solá (27 años, trabaja en Edesur y tiene parálisis cerebral). Ellos, y algunos ausentes, son Los Tigres de Pacheco. Verdaderas fieras.

 

 

Fuente: Clarin

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